Siguiendo con la idea original, comienzo a escribir en este lugar.
Es un castigo, piensan algunos y otros que es una bendición de Dios para ayudar en su misión de salvar este planeta. Yo solo pienso que me quitaron la venda de los ojos.
No tenía nada especial. Era una niña tranquila, que le gustaba sentirse independiente, que había venido a la capital a hacer su vida, pero ¿Quién hoy en día no lo hace?
Ya ok, venia de una familia con problemas matrimoniales, pero también ya no es algo anormal en estos días.
No era sobresaliente, ni la más bonita, ni la más talentosa ni nada. Era una universitaria, quizás un poco arriba del promedio, pero promedio al fin y al cabo.
Y ahora… ahora soy mucho más que eso: Soy una universitaria que teme salir de su casa en las noches, que sabe disparar escopetas y que regularmente va a comprar cartuchos a la armería; que ya no anda en metro porque sabe que se topara con un no-muerto. ¿Precioso no?
Probablemente sea una selección al azar y que entre un millón de personas, saliste elegido en esta gran ruleta.
Pueden haber sido muchas cosas, pero de algo si estoy segura ahora: Mi vida cambio y tengo una responsabilidad de la cual ya no puedo escapar. Hoy debo salir a cazar y proteger a este mundo de lo que hay afuera.
Tú lo sabes, lo has visto. Sino no estarías leyendo esto ni nada por el estilo. Sabes lo que hay ahí. Sabes a lo que nos enfrentamos aunque pienses que solo estés sufriendo por un momento de demencia temporal.
Pero hay algo que debo contarte y es que, como tú, también me sentí perdida, también me sentí confundida, también me sentí muy sobrepasada por todo lo que ocurría cuando desperté por primera vez:
Un día normal de universidad en santiago. Con un paro programado desde hace un tiempo por las mismas típicas cosas que piden todos y cada uno de los años. Decidí ir, por mona. El resto de mi grupo iría y no me iba a quedar atrás.
Resumen: quedamos atrapados en la casa central, con los pacos rodeándonos. De verdad pensé que había sido una estúpida en seguir a la masa, pero ya no había nada mas que hacer. Solo esperar.
En eso un hombre se puso a hablar: un cura alto y rubio. Inspiro muy bien a la masa y logro que los ánimos volvieran a su tope máximo, lo necesario para que decidieran “enfrentarse a sus opresores”.
Parecía tan fuera de lo común que un cura, estuviera ahí, alimentando a un grupo de jóvenes luchadores a enfrentarse contra los pacos, que realmente sentí que no había reaccionado a tiempo para salir de ahí hasta que escuche esa voz tan conocida por todos nosotros: “No dejes que haga daño!” Luego el péndulo en la pared: “lo sabes, están aquí entre nosotros”.
Me quede pasmada, pero no lo suficiente como para no verlo.
Ellos, los que se quedaron, también lo vieron y ¡ella se estaba acercando a el!, pero ¡¿Cómo?! ¡Si esa cosa era imposible que existiera! Era completamente irreal!...pero creo que fui la única que lo pensó así, o por lo menos el cura pensaba que era lo suficientemente real como para gritarme que cerrara las puertas de entrada y apuntarle con una escopeta que saco debajo de su sotana. Reaccione lo suficiente como para cerrar las puertas y alejarme de la trayectoria de lo que pudiese salir de esa arma.
Fue todo muy rápido: la crepitación del zombie, la mochila en llamas y la emanación de mi voz después del disparo y el ataque del zombie en contra de ella.
Esa cosa murió después del segundo disparo del cura, o por lo menos se puede decir así a pesar de que nos enfrentamos a un NO-VIVO.
El resto que paso, lo hice solo en estado de shock: la ida a aquel lugar que después conocimos como nuestro refugio, el video donde mataban al profe de una facultad que era todavía mas muerto que aquel con el que nos encontramos y la vuelta a mi casa, a la pensión en donde vivía. Nada de aquello pareció real. Y a pesar de eso las “alucinaciones “ no pararon nunca. Aun no paran, pero ya las he aceptado.
¿Ves? A todos nos a pasado. La historia puede ser distinta en los “detalles” pero al fin y al cabo terminan en que ya eres un cazador y tu misión, amigo mío, es cazar lo mejor posible a todos ellos, antes que te cacen.