domingo, 7 de febrero de 2010

COMPRENSIÓN


No fue mucho el tiempo que pasó hasta que me di cuenta de que lo que había pasado con mí…“amigo” me iba seguir pasando. Fue a las dos semanas de la “desaparición” de Kafe cuando las cosas se pusieron realmente mal. Las últimas dos semanas me las pasé o bien declarando en investigaciones o bien hablando con amigos y familiares de él, ya que, al pasar un par de días decidí que lo más seguro para mí era denunciar la “desaparición” de Kafe como “presunta desgracia”. Me interrogaron más de cinco veces, al igual que a todos los miembros de mi familia, al parecer no nos contradijimos ni una sola vez, siempre he sido un buen mentiroso, creo que la primera regla de toda buena mentira es creérsela uno mismo y, por todos los dioses, yo estaba más que dispuesto a creer que el maldito hijo de puta se había ido y no que yo le había reventado la cabeza con una mancuerna.

Me di cuenta de que todo se había ido a la mierda cuando llegaron un par de detectives a pedirme que reconociera un cuerpo que podría ser el de Kafe, me dijeron que, a pesar de no ser un familiar directo, esto podría agilizar las investigaciones dado que sus familiares tendrían que viajar a Santiago para poder ir a reconocerlo . No puedo negar que el corazón casi se me sale por la boca, pero, en una actuación digna de un Oscar, accedí a ir mostrando mi mejor cara de compungido y preocupado. El viaje se me hizo eterno, sentía la boca seca. ¿Qué ocurriría si en verdad era el cuerpo de esa cosa, si lo encontraron donde lo escondí? Podría pasar el resto de mi vida en la cárcel. ¡Por la mierda! Sentía que no pude haber cometido mayor error que haberlo denunciado. Finalmente tomamos Av. La Paz, estaba a menos de cinco minutos de comprobar si mi vida realmente se había ido a la cresta. Mi nerviosismo aumentaba mientras nos acercábamos al instituto médico legal y, al parecer, los detectives lo tomaron como algo natural, mal que mal iba a reconocer el cuerpo del que se suponía era el amigo que vivió más de un año en mi casa.

Finalmente llegamos, había pasado cientos de veces por aquel sitio, pero nunca me imaginé que la vez que iba a entrar iba a ser para reconocer el cuerpo de alguien al que había matado. Mi cuerpo comenzó a traicionarme, mis manos comenzaron a temblar, un sudor frío recorría mi espalda. Entramos, el lugar no podía ser menos acogedor, bueno, mal que mal es una morgue, no una clínica infantil con dibujitos de Mickey en las paredes. Los detectives mostraron sus identificaciones y me pidieron la mía, a duras penas logré sacar el carnet de mi billetera para entregárselo al guardia, avanzamos por un pasillo mal iluminado para llegar a una puerta de esas que todo el mundo conoce, esas que dicen “Prohibida la entrada, sólo personal autorizado” , los detectives la abrieron y me hicieron pasar, era una sala fría con mesas que, según lo que había visto en las películas, servían para autopsias, dos de las cuatro paredes tenían esas típicas puertas metálicas, de esas donde se meten los cadáveres. Los detectives consultaron al tipo que estaba ahí mostrándole unos papeles, él asintió y se dirigió hacia uno de las puertecitas metálicas, uno de los detectives me tomó del brazo y me hizo avanzar, el funcionario abrió la portezuela sacando al fiambre, sentí como mi corazón se detenía, un escalofrío recorrió mi espalda y sentí un mareo…no era él. Negué con la cabeza mirando el rostro pálido del cadáver.

‐¿Está seguro?‐Preguntó uno de los detectives.
‐Si, completamente.‐Respondí, estaba claro, aunque el parecido era increíble el fiambre tenía
la cabeza entera.
Levanté la mirada y por segunda vez en el día sentí que mi corazón se detenía, ahí estaba él, el fiambre, mirando su cuerpo con tristeza, parado al lado del funcionario de la morgue.

‐Ok, vamos entonces.‐ Dijo uno de los detectives.
‐Si.‐Dije con un hilo de voz.

El funcionario guardó el cuerpo mientras caminábamos fuera de la habitación, no pude evitar mirar hacia atrás. ¿Fueron imaginaciones mías o en verdad había visto al fiambre al lado del funcionario? En esos momentos no estaba seguro, me pasaban mi y una cosas por la cabeza, necesito un psiquiatra, creo que fue una de las primeras que pensé. Mi colapso llegó después de recuperar mi carnet de identidad, cuando iba saliendo del instituto médico legal, ahí fue donde los vi, a todos, a todas esas figuras translucidas, todas esas sombras, camina, sentadas, incluso vi una o dos que estaban sobre los cuerpos de algunas personas que estaban allí, sobreponiéndose a la figura real, la sensación de nauseas fue tremenda, tan tremenda que caí de rodillas y vomité.

‐¿Estás bien?‐Me preguntó uno de los detectives, arrodillándose junto a mí.
‐Si…‐

Me levanté a duras penas, evitando mirar hacia donde había visto las sombras, el detective me llevó hasta el auto, me ayudó a sentarme en el asiento trasero.

‐¿En verdad estas bien?‐ Preguntó.
‐Si.‐Le dije, aunque lo que quería decirle era que no, que yo había matado a Kafe y que me estaba volviendo loco. –Vamonos porfa.‐
‐Okas.‐Respondió

Creo que fue ahí cuando realmente mi cerebro empezó a funcionar…La voz, Kafe, bebiendo de mi vieja, las nauseas, fantasmas en la morgue…En esos momentos me di cuenta de lo que en verdad me pasaba, en esos momentos fue cuando de verdad abrí los ojos, todo calzaba, siempre había creído en espíritus, siempre pensé que podría haber algo detrás de las leyendas y ahora…ahora los podía ver. Diablos, que inocente era en esos entonces, que ciego estaba, já, ver espíritus, aún me asombro de mi estupidez, mi única excusa es que estaba solo, no como otros, a los que los han guiado, los que incluso han tenido maestros que les expliquen que les acababa de pasar, por eso estoy escribiendo esto, para que, si lo encuentran, no tengan que pasar por todo ese periodo de aprendizaje, para que sepan que son, como reaccionar, para que, aunque esto es imposible, no se asusten…para que sepan que hagan lo que hagan nada volverá a ser lo mismo, nunca podrán dejar de verlos, pueden intentar ignorarlos, pero ellos siempre estarán ahí, recordándonos de una manera dolorosa que ellos son los cazadores y que nosotros, nosotros simplemente somos la presa.

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