No recuerdo muy bien como siguió todo, no es que me volvieran los efectos del alcohol, sino que pasé a modo automático y, bueno, que esperaban, había matado a uno de mis mejores amigos, le había reventado la cabeza para proteger a mi madre y el muy hijo de puta se había empezado a descomponer frente a mis ojos, si eso no te trastorna ni siquiera un poco, entonces es que definitivamente tienes algún problema mental…bueno, no es que esté seguro de no tenerlo, más aún ahora, después de saber todo lo que sé, de ver todo lo que he visto realmente no puedo estar seguro sobre mi cordura. En fin, de verdad no recuerdo que diablos hice con su cuerpo, ni donde metí todas sus cosas, ni siquiera sé si fui yo quien las sacó, tampoco sé que diablos hice con las ropas manchadas con sangre, sólo sé que desperté al otro día, acostado en mi cama apestando a cerveza y a humo, con mi habitación media vacía y un sabor extraño, metálico en la boca. Bajé corriendo y vi a mi vieja preparando el desayuno, a mi hermano viendo tele y a mi viejo en el negocio, todo parecía tan normal que realmente dude si es que en verdad había pasado.
‐Hola. ¿Oye, y el Kafe?‐ pregunté.
‐Buenos días. No sé. ¿No está arriba?‐ Me contestó mi Mamá.
‐No…‐ Diablos. ¿De verdad lo había matado? –Es que sus cosas no están, por eso te
preguntaba.‐ Dije
‐¿En serio?‐ Mi vieja me miró extrañada. ‐¿Y cuando se fue, que no nos dimos cuenta?‐
‐Ni puta idea, a mi no me dijo nada.‐ Contesté poniendo mi mejor cara de poker.
‐Puta, el hueón mal educado.‐ Dijo mi vieja.
‐¿Estás bien?‐Pregunté, omitiendo su comentario.
‐Ando un poco mareada, debo andar con el azúcar alta.‐Contestó sin mirarme, y menos mal
que no lo hizo, o si no hubiese visto mi cara de espanto.
Después de eso el día pasó de manera normal, solamente sazonado con comentarios ácidos de mis viejos sobre mi difunto amigo, pero no les iba a decir: “No se fue, lo encontré ayer en la noche, bebiendo de tu sangre, cosa que tu no recuerdas, así que lo mate y no sé donde chucha metí sus cosas y el cuerpo.” No, este es un secreto. ¡MI SECRETO! El tiempo fue pasando, al otro día me llamó la mamá de Kafe preguntándome si sabía donde estaba, que él no respondía su celular, que había llamado a todos sus amigos y que nadie sabía nada. ¡Mierda! Fui un completo hijo de puta, le dije que él se había ido de un momento a otro, que se había llevado todas sus cosas, que no me había dicho nada y que a mí tampoco me respondía, que si sabía algo que por favor me llamara, porque no sabía que bicho le había picado. El sólo recordar la angustia de su voz, la tristeza de sus palabras, me retuerce el corazón, el no poder decirle que su hijo no iba a aparecer nunca más, que su cuerpo estaba quizás donde, que lo había perdido para siempre… Eso es algo que jamás olvidaré, una cruz que llevaré por el resto de mi vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario